jueves, 3 de octubre de 2013

Sobre hombres de traje.

Sobre hombres de traje, echando atrás su abrigo y metiendo las manos en sus bolsillos como si fuesen a sacar de allí la llave del mundo. Sobre el hombre de traje que se perdió en las faldas de una vil colegiala, de ojos vírgenes, labios suaves. Tomando ombligos cardinales como punto de referencia, caminando por las ciudades, rápido, sin esperar. Y las prisas se cortaron y el negocio mas grande que se pudo conseguir fue intercambiar sonrisas por pieles. Y se fue perdiendo ante el asombro de todos. Siempre volvía pero nunca completo. Dejaba una parte en la cama de ella llevándose a cambio el olor de su pelo. 

Hombres de traje dejando a un lado las corbatas, volando cometas con lentes de sol. Hombres de traje sonriendo en la noche, con doble mirada, tomando cervezas, cantando a la luna, haciendo el amor. Caminando vacilantes, porque entienden de la vida, saben de lo extraordinario. Prenden su memoria del vaivén de unas caderas. Ponen sus anhelos en cuellos tan suaves que olvidan papeles del diario vivir. Hombres con traje que olvidan informes, archivos reuniones y se dedican a amar. Armar. Desarmar. Morir, morir de a poco en una cama.

Sobre hombres de traje que se pierden en faldas, en labios, en ombligos y ya nunca regresan.